viernes, 12 de diciembre de 2014

Planificando

¿Por qué te vi triste en mis sueños?

No me gusta verte así.

¿O tal vez era un reflejo de mi propia añoranza?

Una fecha más que celebrar. Un día y un año más.
La misma casa y la misma gente. Casa que hoy es diferente y gente que hoy casi no veo.
Todos alrededor caminan presurosos, ansiosos de vivir el feriado.
Tú, como siempre, pendiente de los demás.
Pendiente de la cocina, de la mesa, del desayuno y de los detalles.
Pendiente de la ropa por tender, de los muebles por limpiar, de la sala por barrer. Qué alegría vivir luego la etapa en la que eso ya no te importó más. 

Todos corriendo y haciendo planes que no te entusiasman. Y a ti te gustaba celebrar las fechas importantes, entonces ¿por qué te veo triste? Y no te pregunto. Como suelo hacer, me quedo en silencio y asumo que estás cansada. O fastidiada porque no te estoy ayudando. Lo siento, nunca me gustó tanto el ruido o las atenciones. Igual quiero abrazarte, quiero besarte. Y no lo hago. Pienso que debe ser la fecha. Tal vez la añoranza también. Sé que extrañas a la abuela, sobre todo cuando a alguien se le ocurre poner la bendita canción de Juan Gabriel. Siempre la extrañas en las fechas importantes. Por eso detesto tanto las etiquetas. Es solo un día más. No debería significar nada. Todos los días se debe celebrar, todos los días son importantes, no solo uno. Detesto verte así en los feriados. Entonces decido que no me gustan las fechas conmemorativas.

Te miro de reojo mientras estiras las sábanas blancas recién lavadas. Tal vez es eso. ¿Quién puede celebrar algo si tiene que estar atiendo a los demás? Todos tienen algo que pedirte. Todos quieren algo de ti. Es la carga que te da ser la columna sobre la que se sostiene una gran familia. ¿Cómo lo manejaba la abuela? Ella sí que era toda una matriarca. Y cuando ya no estuvo, todos vieron en ti a la abuela. Todos se refugiaron en tu entereza, en tu calor, en tu firmeza. Pocos te vieron llorar. Ahora sé que no eras tan dura como querías hacernos creer.

Creo que tanto tiempo sin ver tu sonrisa me perturba.
Finalmente me acerco y te pregunto.
"Prefiriría estar lejos. Pasar el día solo con ustedes", me dices. 
"Tranquila, el próximo año así será. Compraremos pasajes con anticipación. Yo pediré días libres. Mi hermano igual. Nos iremos unos tres o cuatro días, que incluya este. Así no tienes que preparar nada. Solo nosotros. Podemos ir a dónde quieras, ¿te parece?"
Me miras y me sonríes. Pero sigue siendo una sonrisa triste. Tus ojos no brillan.
"Estupendo". Y no te oigo convencida. Pero yo me quedo feliz.

Y enconces te dejo que continúes con las sábanas y corro a buscar a mi hermano.
Le cuento mis planes y lo entusiasmo.
Él  me da ideas, y las apunto mentalmente. 
"Esto será divertido"
Ya quiero que acabe este día y que se vayan todos. Tal vez se abruma con tanta gente y por eso no sonríe. Ya quiero que sea lunes. Y que pase pronto el año para empezar a planificar. Tal vez ella se quedó triste porque no me creyó. Porque muchas veces le ofecí lo mismo y nunca lo hice. Siempre el trabajo, o el dinero, o los amigos. "Esta vez sí iremos, ya verás".
Entonces caigo en cuenta que es diciembre. No tengo que esperar tanto. El día de las madres todavía es en mayo. 

No sé cómo, de pronto estoy en el aeropuerto. Ya que estoy acá aprovecharé en comprar pasajes. Cuatro días en Puerto Maldonado me parece una buena opción. Hace tiempo que no ves a mi tía y sé que la extrañas.

Quiero ver opciones. Quiero ver precios. Quiero ver fechas.
"¿Cuántas personas?"
"Tres. Mi madre, mi hermano y yo"
Y entonces la vendedora me mira, con tristeza y pena. Detesto que me miren así. Yo frunzo el ceño. "¿Y a esta qué le pasa?", pienso.
"¿Esta segura?"
"Bueno, puede ser el norte también, a mamá le agradaría el sol. O la sierra, siempre le ha gustado más la comida de tierras secas. ¿Qué paquetes tienes?

La mujer me sigue mirando y yo me sigo incomodando. Entonces volteo y todos alrededor me observan. Algunos susurran y me miran con ojos de compasión forzada. Algunos hasta me regalan una sonrisa que me fastidia. ¿Y a estos qué carajos les pasa?!

Volteo nuevamente y veo a la counter sostener unos dibujos en la mano. Me parecen familiares y me comenta que son de clientes que han comprado paquetes familiares y les dejaron los retratos hechos por los niños. Los miro y me parece reconocerlos. Se parece a los dibujos que mamá guardaba de nosotros. Todo guardaba de nosotros. Y recuerdo que hace poco encontré algunos en uno de sus cajones.

Y entonces recién caigo en cuenta. Recién entiendo las miradas. Recién entiendo por qué la counter me mira asintiendo con la cabeza. Me devuelve mi tarjeta de crédito y me voy.

No es que no tenga los días. No es que no tenga el destino definitivo. Es que ya no te tengo a ti. Es que ya no hay próximo año ni próxima fecha.

Y lo había olvidado.

Entonces despierto. Con la terrible sensación de que no estás. Y ya no debo planear nada más.

Vamos, no estés triste. Tu sonrisa es lo más hermoso que recuerdo de ti. Y lo que más extraño.


1 comentario:

Paola dijo...

Y yo lamento no haber horneado esas galletas. Hubiera sonreído y tú con ella. Te extraño, Fi.