Son pocos los libros ilustrados para pequeños lectores que crean cierta fascinación. Y pocos los autores que tienen la destreza y sensibilidad de lograrlo. David McKee es uno de ellos y es muy conocido por ser el creador de Elmer, el divertido elefante hecho de trazos de colores que dio origen a una serie de libros y aventuras. Pero McKee no solo es un escritor que nos hace soñar con el colorido elefante, también es capaz de conmovernos y llevarnos a la reflexión con libros como El príncipe Pedro y el oso peluche.
Se acerca el cumpleaños del
príncipe Pedro y el Rey y la Reina están preocupados por escoger el regalo más
lujoso para el niño. Sin embargo, Pedro quiere un oso de peluche y es tal la
insistencia, que finalmente le obsequian el oso, pero uno hecho de oro puro y
sólido. El príncipe agradece el regalo, pero le parece horrible y lo deja de
lado. En la noche, el oso llora y le pide un abrazo y Pedro descubre lo suave
que es. A la mañana siguiente, Pedro decide regalar abrazos a sus padres y
contagiar su cariño, calidez y felicidad a toda la familia real.
Nos encontramos frente a un cuento
ilustrado donde el tema es el poder del afecto y el impacto positivo en el
comportamiento de los demás. El paralelismo entre el oso de oro y los padres de
Pedro y sus respectivas transformaciones tiene un efecto enriquecedor en el
pequeño lector, quien al final del cuento es capaz de entender que un gesto, un
abrazo o una caricia, puede cambiarlo todo.
La estructura del texto es clásica.
La historia tiene un inicio, un nudo y un final. Tres momentos claves se
detectan en la estructura. Primero, la presentación de los personajes y el planteamiento de la historia lo vemos
con un recurso estructural bastante efectista. El descuento de los días
faltantes para el cumpleaños de Pedro nos marca el eje narrativo, en el cual
cada página binaria es un día. Cuando la cuenta llega a cero, nos encontramos
frente al nudo de la historia. Las ilustraciones nos ayudan a completar la
información que no nos da el texto sobre los personajes. Los rostros graficados
denotan unos padres ensimismados en sus intereses, apáticos, fríos y aburridos.
De igual forma, nos muestran un príncipe tímido y reservado. Las ilustraciones
coloridas también nos facilitan conocer la ambientación en la cual se
desarrolla la historia: un reino, un palacio, un bosque.
El punto de giro es la aparición
del oso de oro. Acá tenemos un quiebre en la historia, cuando descubrimos el llanto
del oso, un ser aparentemente duro y frío. Con el texto: “Todos necesitamos un
abrazo” se revela una verdad absoluta que produce un cambio radical en Pedro.
El oso cobra vida, cambia de duro a suave y eso desencadena una serie de
cambios en todos los personajes alrededor.
Finalmente, las ilustraciones y el
texto denotan el cambio positivo producido en todos los personajes.
Un libro para compartir con los lectores más
pequeños. Un libro tierno, con una estructura repetitiva que nos regala una
cadencia y armonía fonética que endulza y fascina. El valor de este libro se centra en la belleza narrativa que
tiene, es un cuento para ser leído en voz alta, para disfrutar de cada una de
las palabras y de la musicalidad que posee. Pero también, es un libro que
permite hacer una segunda lectura, por medio de las imágenes. El pequeño lector
que aún no decodifica las palabras, puede hacer una perfecta interpretación de
la historia, gracias a la expresividad, colores y signos utilizados en las
ilustraciones del autor. Los brazos abiertos y la lágrima corriendo por la cara
del oso indican que el personaje sufre y pide un abrazo para ser consolado. La
aparición del gato y otros personajes secundarios con caras y actitudes expresivas,
acompañan al lector en su interpretación y reacción frente a los hechos. Los
ojos cerrados de los reyes comunican indiferencia y distancia, mientras que los
ojos abiertos, la sorpresa. Todos esos aportes gráficos complementan el texto.
Como comenté al inicio, son pocos
los autores de libros infantiles que son capaces de conmover, divertir y
enseñar con tanta maestría y destreza. David McKee es uno de los grandes y
gracias a este sencillo cuento podemos disfrutar, nosotros adultos, de
compartir un momento valioso con aquel pequeño lector que se inicia en el
placer de la lectura.

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