miércoles, 5 de marzo de 2014

La magia del oso de peluche


Son pocos los libros ilustrados para pequeños lectores que crean cierta fascinación. Y pocos los autores que tienen la destreza y sensibilidad de lograrlo. David McKee es uno de ellos y es muy conocido por ser el creador de Elmer, el divertido elefante hecho de trazos de colores que dio origen a una serie de libros y aventuras. Pero McKee no solo es un escritor que nos hace soñar con el colorido elefante, también es capaz de conmovernos y llevarnos a la reflexión con libros como El príncipe Pedro y el oso peluche.

Se acerca el cumpleaños del príncipe Pedro y el Rey y la Reina están preocupados por escoger el regalo más lujoso para el niño. Sin embargo, Pedro quiere un oso de peluche y es tal la insistencia, que finalmente le obsequian el oso, pero uno hecho de oro puro y sólido. El príncipe agradece el regalo, pero le parece horrible y lo deja de lado. En la noche, el oso llora y le pide un abrazo y Pedro descubre lo suave que es. A la mañana siguiente, Pedro decide regalar abrazos a sus padres y contagiar su cariño, calidez y felicidad a toda la familia real.
Nos encontramos frente a un cuento ilustrado donde el tema es el poder del afecto y el impacto positivo en el comportamiento de los demás. El paralelismo entre el oso de oro y los padres de Pedro y sus respectivas transformaciones tiene un efecto enriquecedor en el pequeño lector, quien al final del cuento es capaz de entender que un gesto, un abrazo o una caricia, puede cambiarlo todo.
La estructura del texto es clásica. La historia tiene un inicio, un nudo y un final. Tres momentos claves se detectan en la estructura. Primero, la presentación de los personajes  y el planteamiento de la historia lo vemos con un recurso estructural bastante efectista. El descuento de los días faltantes para el cumpleaños de Pedro nos marca el eje narrativo, en el cual cada página binaria es un día. Cuando la cuenta llega a cero, nos encontramos frente al nudo de la historia. Las ilustraciones nos ayudan a completar la información que no nos da el texto sobre los personajes. Los rostros graficados denotan unos padres ensimismados en sus intereses, apáticos, fríos y aburridos. De igual forma, nos muestran un príncipe tímido y reservado. Las ilustraciones coloridas también nos facilitan conocer la ambientación en la cual se desarrolla la historia: un reino, un palacio, un bosque.
El punto de giro es la aparición del oso de oro. Acá tenemos un quiebre en la historia, cuando descubrimos el llanto del oso, un ser aparentemente duro y frío. Con el texto: “Todos necesitamos un abrazo” se revela una verdad absoluta que produce un cambio radical en Pedro. El oso cobra vida, cambia de duro a suave y eso desencadena una serie de cambios en todos los personajes alrededor.
Finalmente, las ilustraciones y el texto denotan el cambio positivo producido en todos los personajes.
 
Un libro para compartir con los lectores más pequeños. Un libro tierno, con una estructura repetitiva que nos regala una cadencia y armonía fonética que endulza y fascina. El valor de este libro se centra en la belleza narrativa que tiene, es un cuento para ser leído en voz alta, para disfrutar de cada una de las palabras y de la musicalidad que posee. Pero también, es un libro que permite hacer una segunda lectura, por medio de las imágenes. El pequeño lector que aún no decodifica las palabras, puede hacer una perfecta interpretación de la historia, gracias a la expresividad, colores y signos utilizados en las ilustraciones del autor. Los brazos abiertos y la lágrima corriendo por la cara del oso indican que el personaje sufre y pide un abrazo para ser consolado. La aparición del gato y otros personajes secundarios con caras y actitudes expresivas, acompañan al lector en su interpretación y reacción frente a los hechos. Los ojos cerrados de los reyes comunican indiferencia y distancia, mientras que los ojos abiertos, la sorpresa. Todos esos aportes gráficos complementan el texto.

Como comenté al inicio, son pocos los autores de libros infantiles que son capaces de conmover, divertir y enseñar con tanta maestría y destreza. David McKee es uno de los grandes y gracias a este sencillo cuento podemos disfrutar, nosotros adultos, de compartir un momento valioso con aquel pequeño lector que se inicia en el placer de la lectura.

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