viernes, 14 de junio de 2013

San Fernando le debe mucho al pequeño Dayron Farfán

Terminó la etapa de clasificatorias al mundial de este mes y al fin puedo respirar de tanta sobredosis de optimismo inútil y fe masiva y mediática. Puedo descansar de esa sensación de estar luchando no solo por la clasificación de un equipo de fútbol, sino también por la delimitación geográfica o la soberanía marítima del país. En fin, entre todas las cosas que trajo esa semana deportiva, entre peinados nuevos de los jugadores, el fanatismo irracional del periodismo deportivo, la repetición del único gol de Farfán una y otra vez, las camisetas de la selección en cuanta tienda crucé, la paralización laboral del día miércoles y un sin fin de cosas más; hay un tema que me llamó la atención por el efecto logrado y por lo pintoresco que resultó: el famoso "Jueves de Pavita", de la familia Farfán. La familia de aquél niño tan vivaz que baila como si estuviera dentro de una licuadora, se hizo famosa no solo por su carisma, su simpatía, su color, su música y su relación con el jugador Jefferson Farfán, sino también por la simpatía desbordande que irradia el pequeño de cuatro años, Dayron Farfán. Este niño, dueño de unos enormes ojos negros y una sonrisa espectacular, se metió al bolsillo a todo un país que se paralizaba cada vez que lo veía bailar. Y es que Dayron no necesitaba hacer mayor esfuerzo más que el mover sus caderas y hacer gala de su talento natural para el baile, esa gracia tan propia de los chinchanos, gente con sabor que nacen y viven bailando a ritmo del cajón. El pequeño Dayron no solo recibió el apodo de "el sobrino Jueves de Pavita" sino que fue protagonista de varios reportajes y notas periodísticas de la semana. Más con el triunfo de la selección, hasta lo convirtieron en cábala y en todo un éxito del buscador de goggle y Youtube. Definitivamente, un gran acierto de la empresa San Fernando el contratar esta familia, aunque sospecho que no pensaron tener semejante repercusión en los medios gracias a los protagnistas del spot publicitario. San Fernando debería considerar pagar a la familia Farfán un bono adicional por toda la publicidad gratuita que le da cada vez que alguien hace mención del "jueves de Pavita" y el pequeño Dayron mueve sus brazos y cabeza como desquiciado. Toda una moda social que repercute con furia en las redes sociales. Sin querer, una campaña altamente exitosa.

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