lunes, 21 de mayo de 2012
El otoño y sus hojas amarillas
Una de las cosas que más me gusta del otoño, es el clima. Ese frío templado que no llega a congelar pero que hace que el corazón desee estar un poco más abrigado. El otoño y la primavera son mis estaciones favoritas, porque nunca me gustaron los extremos. No soporto el calor excesivo del verano ni el angustiante frío del invierno. En temas de climas, los puntos medios son buenos, y este otoño ya comenzó. Un poco más de ropa, una taza con chocolate caliente, las botas altas, el aire fresco, las hojas amarillas... Entonces las veo y me enamoro. Amo las hojas amarillas. Si bien es cierto en Lima no abundan, aún se pueden ver algunos árboles que hacen gala de su traje otoñal. Por eso, amé tanto los árboles de Buenos Aires, tan imponentes, elegantes, sabios y perfectos. Veo esos maravillosos árboles y no puedo evitar sentirme acogida por ellos, por su calidez, su amor. Esta mañana de lunes, con el aire acondicionado y la pila de trabajo que tengo encima, me tomo un minuto para recordar mis queridos árboles y la sensación y calor que me transmiten, con solo pensarlos, ya me siento bien, porque incluso estando lejos puedo sentir cómo el amor de la naturaleja me protege y me da fueza. Siempre lo digo: amo los árboles otoñales.
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2 comentarios:
esos árboles preciosos de Palermo, con sus hojas caiditas en las veredas, pintan de un amarillo sepia y te dejan huella con olor a vino y asado....
:-)
Escribes lindo. Saludines.
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