domingo, 1 de marzo de 2009

Un bonito domingo

Es la calidad de tiempo lo que importa, no la cantidad. Es la carcajada fuerte y estruendosa lo que se disfruta, no la sonrisa dibujada. Es la caricia tierna la que se entrega, y la que vale más que cualquier cosa. Pocas cosas valoramos día a día. Muchas cosas damos por hecho: momentos, personas, reacciones, cosas. Creemos que lo merecemos porque simplemente se trata de nosotros y no puede ser de otra forma: merecemos una buena educación, viajar y conocer el mundo, ropa decente y de moda, comida caliente y de buen sabor, y una madre que haga todas nuestras cosas sin necesidad de pedirlo ni de agradecerlo.
Hoy me siento feliz porque aproeveché al máximo el tiempo, porque invertí corazón más que dinero, porque me empapé de alegría y no solo de agua, porque salí, entregué, compartí, regalé y materialicé mi amor, ese amor a una mujer que siempre está ahí, que es incondicional, y que nunca pensé (ni que fuera posible) que podría perder. Las situaciones extremas suelen poner al ser humano al borde del abismo y es ahí cuando podemos ver con claridad. Yo no voy a esperar a que la muerte se la lleve (o me lleve, nunca se sabe). Mientras esté conmigo la voy a disfrutar, no todos los días, no a cada momento, no siendo melosa, pesada o extremedamente cariñosa. Simplemente voy a permitir que esos momentos mágicos que se dan, podamos disfrutarlos mucho, mucho más: un almuerzo al aire libre, una caminata por el río, un juego de ping pong, respirar aire fresco, un lonche con amigos.
La vida no es perfecta y definitivamente no nos merecemos todo de ella, por eso es increíble cuando realmente apreciamos las perlas que nos regala un domingo de verano.

No hay comentarios: