martes, 8 de julio de 2008

Perdiendo el control

Control. Creo que por naturaleza, a las mujeres nos gusta tener el control en todo: en el trabajo, en la familia, en los hijos, en el esposo, en los vecinos, en el sexo, en fin, en todo. Nos da poder, independencia. Es embriagador, y hasta adictivo. Especialmente en el tema hombres. He visto muchos ejemplos cercanos, muchas amigas que utilizan todas las artimañas y artilugios que puedan usar para conseguir todo lo que quieren. Tener el título del "sexo débil" puede ser muy ventajoso, porque lo que no tenemos en fuerza lo tenemos en astucia. O acaso algún hombre me puede negar que no les parte el alma ver una lágrima rodar por nuestras mejillas, o no los enloquece un par de piernas estrategiacamente contorneadas que se balancean al caminar, o no les encanta una tierna sonrisa que se antepone a un oportuno "por favor". A veces solo basta un guiño, un movimiento, un perfume, una calculada mirada para que los hombres terminen complaciendo cualquiera de nuestros antojadizos caprichos. Y todas las mujeres lo sabemos, claro, algunas lo explotan mejor que otras, pero todas tenemos esas armas, es parte de nuestra esencia de ser mujer, es algo que se aprende desde muy niña, desde el momento en que descubres que en el nido tienes a un niño babeando por tí y sabes que es capaz de pegarle a todo el salón con tal que nadie te quite tu preciada lonchera. Y lo hace, incluso sabiendo que su única recompensa será una enorme e iluminada sonrisa.
Por eso, es tan difícil cuando ese control lo pierdes, cuando no puedes pensar con claridad, cuando no ordenas tus sentimientos, cuando solo te dejas llevar... es difícil porque te vuelves vulnerable, estás expuesta, y simplemente no puedes controlar nada, ni a ti misma. En todo sentido, si pierdes el rumbo de algo, estás perdida. ¿Si ahorita me siento así? No lo sé, solo sé que necesito recuperar nuevamente el control... y en eso estoy.

No hay comentarios: